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Eduardo Mestre
Director de la Tribuna del Agua
La Tribuna del Agua es un laboratorio de ideas y conocimiento que con el concierto de expertos, científicos, técnicos, universitarios, gestores, políticos, comunicadores y artistas quiere contribuir a la reorientación del actual paradigma del agua inmerso en nuestros días en una profunda crisis. Esta novedosa experiencia en el seno de una Expo va a permitir que Zaragoza 2008 pueda identificarse en el futuro como una apuesta pionera que dejó tras de sí no sólo un recuerdo plasmado en publicaciones, catálogos y algún testigo constructivo sino en un semillero de conocimiento cuyo efecto multiplicador contribuya a mejorar la calidad de nuestra tierra y sólo así la de sus habitantes. La Tribuna del Agua no ha establecido filtros a la entrada de propuestas. Entre ellas, el cine ha ocupado un puesto de excepción. Más de 180 horas de cine con el denominador común del agua y el desarrollo sostenible ha permitido abrir un gran escaparate de propuestas internacionales, muchas de ellas inéditas, que han recogido muestras de todos los géneros. Producciones gestadas desde diversos orígenes geográficos han aportado a través de la ficción, la animación o el documental un legado de imágenes estrechamente ligado a la propuesta temática de la Tribuna del Agua. Un espléndido refuerzo y apoyo al debate intelectual que la Tribuna ha desarrollado a través de herramientas como las Semanas Temáticas. Todos los visitantes que han venido atraídos por la oferta seductora de esta Expo del Agua han tenido la oportunidad de sumergirse en el actual debate del agua a través de las propuestas audiovisuales de esta Tribuna.
La imagen, siempre tan atractiva para la percepción humana, ha sido un arma persuasiva para tratar de movilizar conciencias, dar algunas herramientas para la construcción de nuevos referentes sociales que den un definitivo impulso a la construcción de un mundo más comprometido y justo socialmente.
Pedro Medina
Director de Animadrid
En el cortometraje Le fleuve aux grandes eaux (Canadá, 1993), el director Frédéric Back nos cuenta la historia de un gran río de Canadá y de su rico estuario, de las diferentes especies que lo habitan y de los pueblos que han ido formándose en su entorno, al principio viviendo en armonía con sus recursos pero, con el paso de los siglos, sobreexplotándolos y destruyéndolos. Con unas imágenes cuyo contenido pueden rivalizar con cualquier documental, no tanto por la sensación de realidad como por el poder evocador de las mismas y la contundencia de su mensaje, esta película es también, y sobre todo, una de las más hermosas películas de animación que se han hecho nunca. Y es que el cine de animación es un arte capaz de crear la ilusión de que cualquier objeto, real o inventado, sea cual sea su forma y la materia de la que esté hecho, puede cobrar vida, dotándolo de movimiento y, con la ilimitada capacidad de imaginación de los autores, también de sentimientos. Y esto incluye también al agua.
Desde una simple gota, pasando por pequeños y grandes ríos, hasta llegar a la inmensidad de los mares y océanos, el cine de animación hace posible que nos podamos imaginar el agua en cualquiera de sus formas, cuando la vemos dibujada, ya sea con lápiz, cera o pintura; o cuando la vemos representada a través de las muy diversas técnicas que se emplean, como la plastilina, el papel, las sombras e, incluso, la arena; o cuando, gracias a sofisticados programas informáticos y digitales, se la recrea con gran realismo en todos y cada uno de sus detalles. Pero a pesar de la ilusión de realidad de esto último, lamentablemente la animación no puede conseguir crear agua de verdad, para que la puedan tener y disfrutar allí donde escasea o simplemente no existe. Por el contrario, y siguiendo con el ejemplo de la película de Back, si hay algo muy importante que el cine de animación ha hecho: emplear sus infinitas posibilidades creativas para realizar películas que nos hablen de los hombres y mujeres de nuestro planeta y de los problemas que les acucian, darles herramientas para pensar y para rebelarse contra los atropellos cometidos por el propio ser humano, entre los que la explotación incontrolada de los recursos naturales y la destrucción de los mismos es de los que acarrean consecuencias más graves. Por fortuna, siempre habrá animadores dispuestos a agitar nuestras conciencias con sus propuestas.
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